CARF enciende alerta fiscal: el déficit primario de Colombia alcanza 3,5% del PIB, el nivel más alto en 30 años

La reciente advertencia del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) sobre el deterioro de las finanzas públicas de Colombia plantea un debate central para la estabilidad macroeconómica del país. El organismo reveló que el déficit primario alcanzó 3,5% del PIB en 2025, el nivel más alto en tres décadas —excluyendo periodos de crisis—, lo que evidencia un desbalance estructural que podría comprometer la sostenibilidad fiscal en los próximos años.

Aunque algunos indicadores fiscales aparentan cierta mejora, el diagnóstico del CARF sugiere que la situación fiscal de Colombia es más frágil de lo que reflejan las cifras superficiales, especialmente si se analiza el comportamiento estructural del gasto público, la dinámica de ingresos fiscales y la evolución de la deuda.

El déficit primario: el verdadero termómetro de la sostenibilidad fiscal

En macroeconomía fiscal, el déficit primario es un indicador crítico porque mide la diferencia entre ingresos y gastos del gobierno antes del pago de intereses de la deuda. A diferencia del déficit total, este indicador permite evaluar si el Estado está generando suficientes recursos para financiar su funcionamiento básico.

Cuando el déficit primario se mantiene elevado, significa que el gobierno necesita endeudarse incluso para cubrir su gasto corriente, lo que genera una trayectoria insostenible de la deuda en el largo plazo.

El hecho de que Colombia registre un déficit primario de 3,5% del PIB implica que:

  • El Estado continúa gastando significativamente más de lo que recauda.
  • La deuda pública depende de nuevas emisiones para financiar el gasto.
  • El margen de política fiscal se reduce ante posibles choques externos.

Desde una perspectiva comparada, los países emergentes que logran estabilizar su deuda suelen mantener déficits primarios cercanos a cero o superávits primarios moderados.

Un problema estructural: ingresos sobreestimados y gasto subestimado

Uno de los aspectos más preocupantes señalados por el CARF es que el deterioro fiscal no responde únicamente a factores coyunturales, sino a errores persistentes en la planeación fiscal.

Según el comité, el desbalance fiscal se explica por:

1. Sobrestimación de ingresos fiscales

Las proyecciones del gobierno han supuesto niveles de recaudo que no se han materializado completamente. Esto puede estar relacionado con:

  • menor dinamismo económico,
  • menor recaudo tributario,
  • o dificultades en la implementación de reformas fiscales.

2. Subestimación del gasto público

Al mismo tiempo, el gasto del gobierno ha resultado mayor al proyectado, impulsado por:

  • compromisos sociales,
  • programas de subsidios,
  • transferencias,
  • y gasto operativo del Estado.

Este desajuste entre ingresos y gastos genera un desequilibrio estructural, lo que significa que el problema no se corrige automáticamente con el crecimiento económico.

La paradoja fiscal: una deuda menor, pero un riesgo mayor

Uno de los datos que podría interpretarse erróneamente es que la deuda neta cerró en 58,5% del PIB, por debajo del 61,3% proyectado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo.

Sin embargo, el CARF advierte que esta reducción no es producto de una consolidación fiscal real, sino de factores temporales:

  • una menor tasa de cambio, que reduce el peso de la deuda externa en términos del PIB;
  • operaciones de manejo de deuda, que modifican la estructura de vencimientos.

En términos macroeconómicos, esto significa que la mejora en la deuda es contable, no estructural.

Si el déficit primario continúa elevado, la deuda tenderá a crecer nuevamente en los próximos años.


El riesgo de recalentamiento económico

Otro elemento relevante del análisis del CARF es la advertencia sobre señales de recalentamiento económico.

El recalentamiento ocurre cuando la demanda agregada de una economía supera su capacidad productiva, generando presiones inflacionarias, déficit externos o desequilibrios macroeconómicos.

En el caso colombiano, el comité señala que:

  • el gasto público ha impulsado el consumo interno,
  • la demanda agregada ha aumentado,
  • y el déficit del sector externo refleja un exceso de demanda interna.

Este fenómeno es particularmente delicado porque ocurre en un contexto de alta deuda pública, lo que limita la capacidad del Estado para aplicar políticas fiscales expansivas sin generar presiones financieras.

Riesgo país y confianza de los mercados

Las señales fiscales también tienen un impacto directo en la percepción de riesgo de los inversionistas.

El CARF advierte que la prima de riesgo de Colombia frente a otros países de la región se encuentra en niveles históricamente elevados.

Esto tiene varias implicaciones macroeconómicas:

  • aumento del costo de financiamiento de la deuda pública,
  • menor atractivo para la inversión extranjera,
  • presión sobre el tipo de cambio,
  • y menor margen fiscal ante crisis económicas.

En economías emergentes como Colombia, la credibilidad fiscal es un activo macroeconómico clave. Cuando esta credibilidad se deteriora, los mercados reaccionan rápidamente mediante mayores tasas de interés exigidas al país.

El desafío fiscal de 2026: un faltante de $31,1 billones

De cara al próximo año, el Gobierno proyecta un déficit primario de 2,1% del PIB en 2026.

Sin embargo, el análisis del CARF sugiere que esta meta es difícil de alcanzar bajo las condiciones actuales.

El comité calcula que existe un faltante fiscal equivalente a 1,6 puntos del PIB, lo que representa aproximadamente $31,1 billones.

Si no se toman medidas adicionales, el déficit primario podría mantenerse alrededor de 3,6% del PIB, prolongando la trayectoria de deterioro fiscal.

El ajuste necesario: entre 3,5 y 4,5 puntos del PIB

Para estabilizar la deuda pública en los niveles actuales, el CARF estima que Colombia necesitará un ajuste fiscal significativo.

El ajuste requerido se ubica entre 3,5 y 4,5 puntos del PIB, lo que equivale a uno de los esfuerzos de consolidación fiscal más importantes de las últimas décadas.

Un ajuste de esta magnitud podría implicar:

  • reformas tributarias adicionales,
  • reducción del gasto público,
  • mayor eficiencia en la administración del Estado,
  • o reformas estructurales al sistema fiscal.

La experiencia internacional muestra que los procesos de consolidación fiscal exitosos suelen combinar disciplina fiscal, reformas institucionales y crecimiento económico sostenido.

Un momento decisivo para la política económica

La advertencia del CARF no solo es un diagnóstico técnico, sino también un llamado político e institucional.

El organismo ha señalado la necesidad de un acuerdo entre el Gobierno y el Congreso para implementar reformas estructurales que fortalezcan las finanzas públicas.

La sostenibilidad fiscal no es un objetivo aislado. Está directamente vinculada con:

  • la estabilidad macroeconómica,
  • la confianza de los mercados,
  • el crecimiento económico,
  • y la capacidad del Estado para financiar políticas sociales en el largo plazo.

Colombia enfrenta, por tanto, una encrucijada fiscal: continuar con desequilibrios crecientes o avanzar hacia un proceso de ajuste que restablezca la credibilidad fiscal y asegure la sostenibilidad de su modelo económico en los próximos años.

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