El telón de 2025 deja dos fuerzas que condicionan 2026: un rediseño de la política económica de Estados Unidos —con una agenda comercial más intervencionista— y una ola sostenida de inversión en inteligencia artificial que está redefiniendo productividad, capex y expectativas de beneficios. El resultado no es un “nuevo paradigma” súbito, sino un ciclo que converge hacia promedios históricos con fricciones persistentes: crecimiento moderado, inflación más cerca de objetivo y política monetaria acomodaticia pero divergente por región. En este marco, la ventaja competitiva no vendrá de anticipar grandes giros, sino de gestionar con rigor escenarios medios que se prolongan.
Crecimiento económico: resiliencia sin exuberancia
La expansión global en 2026 se sostiene sobre tres pilares: consumo en Estados Unidos, estímulo fiscal selectivo y capex habilitado por IA. El OBBBA mantiene una tracción fiscal acotada pero efectiva, mientras la inversión asociada a automatización y datos se aproxima a la marca de 500.000 millones de dólares, apuntalando actividad en manufactura avanzada, servicios y logística.
– Estados Unidos: crecimiento resistente por consumo estable, apoyo fiscal y capex en IA; riesgo de “sobresaturación” en tramos de infraestructura digital si la rentabilidad no acompaña.
– Europa: mejora gradual con infraestructura en Alemania y tipos más bajos; Reino Unido débil pero fiscalmente más estable.
– Japón: crecimiento por encima de tendencia gracias a salarios al alza y automatización; transición monetaria más firme.
– China: estabilidad con manufactura de alta tecnología y localización de IA, compensando la debilidad del consumo doméstico.
– Mercados emergentes: Asia se beneficia de exportaciones tecnológicas y un dólar más débil; América Latina enfrenta el lastre de tipos altos en algunos países, con alivio monetario progresivo.
Para la gerencia: el entorno favorece estrategias de productividad y eficiencia operativa. La reasignación de capital hacia automatización, analítica y cadenas de suministro resilientes puede sostener márgenes sin depender de una demanda exuberante.
Inflación: convergencia con matices regionales
La inflación global se estabiliza en torno a los objetivos de los bancos centrales, aunque con diferencias significativas:
– Estados Unidos: aranceles y costos regulados sostienen la inflación algo elevada en el corto plazo, con convergencia gradual hacia el 2% más allá de 2026.
– Zona euro: cerca del 2% gracias a la disipación del lastre energético y moderación salarial.
– Reino Unido: descenso rápido por la salida de factores temporales y expectativas más ancladas.
– Japón: en torno al 2%, soportado por salarios y mercados laborales ajustados; medidas puntuales pueden distorsionar lecturas.
– Asia-Pacífico: Australia dentro del rango del RBA; Nueva Zelanda desciende pero aún por encima del confort. China cercana a deflación por consumo débil y sobrecapacidad.
– Emergentes: presiones contenidas en Asia; más persistentes en América Latina por tipos altos y restricciones estructurales.
Implicación directa: revisar estructuras de precios, contratos indexados y coberturas en insumos críticos. La “pegajosidad” en componentes regulados y salarios exige precisión en la ingeniería de costos y en la gestión de inventarios.
Política monetaria: acomodación prudente y divergente
La tónica general en 2026 es de flexibilización controlada, con bancos centrales moviéndose a distintas velocidades:
– Reserva Federal: trayectoria descendente de tipos, con niveles ligeramente por debajo del 3% al cierre del año si la inflación cede y el crecimiento no se recalienta. Pausas posibles si los datos sorprenden al alza.
– BCE: estable en torno al 2%, con inflación cerca del objetivo y crecimiento modestamente mejor.
– Banco de Inglaterra: podría recortar más de lo descontado por mercados ante la caída de la inflación y actividad moderada.
– Banco de Japón: normalización medida con al menos dos subidas adicionales respaldadas por salarios y precios.
– RBA y RBNZ: recortes dependientes de datos; Nueva Zelanda con mayor margen por holgura acumulada.
– China (PBoC): flexibilización cauta y específica, más focalizada que general.
– Emergentes: divergencia persistente; donde la inflación cede y las divisas resisten, se abre espacio para recortes ordenados.
Para finanzas corporativas: el costo del dinero baja, pero el diferencial geográfico importa. La planificación de deuda debe contemplar curvas regionales y sensibilidad sectorial a tasas.
Riesgos: persistencias más que sorpresas
Cuatro vectores concentran la atención:
– Tecnología: la construcción acelerada de infraestructura de IA sostiene gasto y valoraciones, pero el riesgo de sobreinversión emerge si la monetización se retrasa. Restricciones a semiconductores o datos pueden tensionar cadenas y márgenes.
– Política: incertidumbre moderada pero latente en Estados Unidos (medio término, liderazgo en la Fed) y Europa (coordinación fiscal). La independencia monetaria será escrutada.
– Deuda: trayectorias fiscales tensas en desarrollados requieren consolidación; el costo de refinanciación puede repuntar si cambian expectativas de inflación o riesgo soberano.
– Geopolítica: focos activos desde Ucrania hasta Taiwán y Oriente Medio. La fragmentación comercial sigue amenazando confianza y capex transfronterizo.
El mensaje operativo: más que “cisnes negros”, el reto es gestionar prolongaciones de escenarios medios. Liquidez suficiente, diversificación auténtica y resiliencia operativa superan apuestas direccionales.
Mercados: neutralidad selectiva y alfa por especialización
La postura base para 2026 es neutral en agregado, con búsqueda de valor por selección:
– Renta variable desarrollada: beneficios sólidos en segmentos ligados a IA; valoraciones exigentes. Fuera de tecnología, rendimiento más moderado.
– Emergentes: mezcla entre impulso tecnológico y riesgos arancelarios; Japón destaca por reforma de gobernanza, mejora de rentabilidad y valoraciones aún atractivas.
– Pequeñas capitalizaciones: baratas en múltiplos, limitadas por fundamentales más débiles y menor exposición a motores de alto crecimiento.
– Renta fija: gobiernos en neutral; gilt británicos atractivos por yields altos y recortes esperados. JGBs bajo presión por subidas. Crédito con fundamentales sólidos, pero diferenciales ajustados; mejor valor relativo en alto rendimiento asiático y de frontera.
– Materias primas: exposición neutral; oro en rango moderado por demanda de bancos centrales; petróleo sostenido por balances ajustados.
– Divisas: sesgo hacia euro y yen frente a un dólar más débil por diferenciales de tipos y mejora fiscal europea; libra y franco penalizados por fundamentales domésticos.
La creación de alfa proviene de tres frentes: selección sectorial/geográfica, gestión activa de duración y crédito, y temáticas de productividad (automatización, eficiencia energética, datos).
Mercados privados: tres ejes para 2026
– Ventanas de salida “Dr. Jekyll vs. Mr. Hyde”: liquidez intermitente y múltiplos sensibles a calidad y gobernanza. La disciplina en timing y preparación de exits será determinante.
– IA como ventaja operativa: due diligence aumentada, pricing dinámico y eficiencias de portafolio. El reto es convertirlo en EBITDA sostenible y valor realizable.
– Democratización: ampliar acceso sin diluir estándares. Transparencia, alineación de incentivos y métricas ajustadas por riesgo y duración son centrales.
La tesis: ritmo de despliegue prudente, foco en creación de valor post-adquisición y métricas que capturen resiliencia, no solo crecimiento.
Créditos editoriales
Contribuciones de Rupert Watson (Global Head of Economics & Dynamic Asset Allocation), Julius Bendikas (European Head of Economics & Dynamic Asset Allocation), Max Becker (Macro Research & Dynamic Asset Allocation Specialist) y Cameron Systermans (Head of Multi Asset, Asia, Mercer).
Este análisis inaugura la temporada de “Café con la Gerencia” con una mirada sobria: 2026 es continuidad con disciplina. La estrategia ganadora no es perseguir extremos, sino ejecutar con precisión bajo condiciones medias que perduran.
