Embalses en alerta: Colombia enfrenta el reto energético y climático ante la llegada de El Niño

A pocos meses de la posible llegada del fenómeno de El Niño, Colombia vuelve a mirar con preocupación el nivel de sus embalses y la capacidad real del sistema energético para enfrentar un periodo prolongado de sequías. Aunque las autoridades descartan por ahora un escenario de apagón, las cifras revelan un panorama que combina vulnerabilidad climática, presión sobre la generación hidroeléctrica y riesgos económicos para hogares, industrias y ciudades.

Actualmente, el nivel agregado de los embalses del sistema hidroeléctrico nacional se ubica en 71,35%, lejos del umbral de 80% que XM, administrador del mercado de energía mayorista, considera necesario para enfrentar adecuadamente un evento climático extremo. Más preocupante aún: de las 23 hidroeléctricas del país, 14 ya están por debajo de ese nivel mínimo y 10 registran llenados inferiores al 70%.

El contexto no es menor. Colombia depende en más de 65% de la generación hidroeléctrica para abastecer su demanda energética, lo que convierte el comportamiento climático en un factor estratégico para la estabilidad económica nacional. Cada descenso en los embalses incrementa la presión sobre fuentes térmicas más costosas y contaminantes, como el gas y el carbón, impactando directamente el costo de la energía y la competitividad empresarial.

Un riesgo climático con impacto económico

La advertencia no solo tiene implicaciones ambientales. El fenómeno de El Niño puede convertirse en un detonante inflacionario silencioso. Menores lluvias implican mayor uso de generación térmica, mayores costos operativos y posibles incrementos en las tarifas eléctricas. Analistas del sector ya advierten que el precio de la energía en bolsa podría acercarse nuevamente a niveles cercanos a $1.000 por kilovatio-hora en escenarios críticos.

Sandra Fonseca, exdirectora de Asoenergía, advirtió que incluso un fenómeno moderado podría llevar los embalses a niveles críticamente bajos, limitando la capacidad de generación y reduciendo la confiabilidad del sistema. El riesgo aumenta si las lluvias del primer semestre no logran recuperar los niveles esperados antes de la llegada del fenómeno climático.

Desde la perspectiva empresarial, sectores intensivos en energía como manufactura, alimentos, minería, construcción y agroindustria podrían enfrentar mayores costos de operación. Para las ciudades, el desafío también pasa por la gestión del agua potable y la resiliencia urbana.

Bogotá y el sistema Chingaza: una calma relativa

Aunque Chuza presenta uno de los niveles más bajos del país, con apenas 43,06%, la Empresa de Acueducto de Bogotá asegura que el sistema Chingaza mantiene actualmente mejores condiciones frente a las registradas en 2024. Según la entidad, existen más de 21 millones de metros cúbicos por encima de la curva guía del sistema y 37 millones adicionales en Chuza, lo que permite mantener la estabilidad del abastecimiento en el corto plazo.

Sin embargo, los expertos coinciden en que la tranquilidad no puede convertirse en complacencia. La situación de otros embalses estratégicos como Esmeralda, Alto Anchicayá, El Quimbo y Porce III evidencia que el sistema aún enfrenta una fragilidad estructural frente a eventos extremos asociados al cambio climático.

El cambio climático acelera la presión sobre la infraestructura

El comportamiento de los embalses en Colombia refleja una tendencia global: el cambio climático está alterando la predictibilidad de los ciclos hidrológicos. Los periodos de lluvias son cada vez más irregulares, mientras aumentan las temperaturas y los eventos extremos.

Esto obliga a replantear la estrategia energética del país. La discusión ya no gira únicamente alrededor de evitar apagones, sino de construir resiliencia climática en infraestructura crítica. Diversificación energética, transición hacia fuentes renovables, almacenamiento energético, eficiencia y gestión inteligente del consumo serán elementos determinantes durante la próxima década.

Además, el país enfrenta un reto adicional: equilibrar sostenibilidad ambiental con seguridad energética. La presión sobre las hidroeléctricas coincide con mayores exigencias sociales y regulatorias alrededor de la protección de ecosistemas y cuencas hídricas.

Un llamado a la prevención y la planeación

La experiencia reciente demuestra que las crisis energéticas no ocurren de un momento a otro; suelen construirse lentamente bajo señales de alerta temprana. Los niveles actuales de los embalses representan precisamente eso: una advertencia que exige coordinación entre Gobierno, empresas, operadores y ciudadanía.

La prevención será clave. Desde campañas de ahorro de agua y energía hasta inversiones en infraestructura resiliente, Colombia deberá acelerar decisiones estratégicas para reducir su vulnerabilidad climática.

El fenómeno de El Niño aún no llega plenamente, pero el país ya empieza a sentir sus efectos en uno de los activos más sensibles para la economía: el agua que mueve la energía.

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