Los grandes eventos son aceleradores económicos y culturales, pero también sistemas temporales de alto consumo: concentran demanda eléctrica, movilidad, logística, alimentos, residuos y comunicación en pocos días. La pregunta estratégica ya no es si “contaminan”, sino cómo se mide, se reduce y se compensa el impacto con integridad, y cómo esa gestión deja capacidades instaladas en la industria. La iniciativa del FEP —liderada por Klik y Biofix y monitoreada por ICONTEC— es un caso útil para entender por dónde va el estándar.
1) ¿Dónde está el impacto real de un evento? (y por qué “energía” es una puerta de entrada)
En festivales masivos, el impacto se suele distribuir en cuatro frentes:
- Energía y potencia temporal
Sonido, luces, pantallas, refrigeración, backline, cocinas, cargadores, telecomunicaciones, oficinas, seguridad y montaje/desmontaje. Aunque muchas conversaciones climáticas se centran en “basura”, la energía suele ser un indicador estructural porque está conectada con emisiones y costos. - Movilidad (asistentes, artistas, carga)
En muchos casos, el transporte puede superar la huella del sitio. Sin embargo, si el alcance del programa se enfoca en energía del venue, hay que decirlo con transparencia para evitar la idea de “festival carbono neutral” sin delimitar. - Materiales y residuos
Escenografías, señalética, plásticos de un solo uso, merchandising, tarimas, etc. Aquí el reto es diseño circular y contratación. - Agua y vertimientos / alimentos
Desde consumo directo hasta desperdicio alimentario y cadena de frío.
Lo valioso del enfoque del FEP es que parte por lo que mejor se puede instrumentar: medir kWh en preparación, ejecución y desmontaje. Medir no resuelve todo, pero evita el peor error de sostenibilidad: gestionar por suposiciones.
2) La estrategia FEP en tres capas: medir → educar → compensar (con verificación)
A. Medición rigurosa (base de gestión)
Según el planteamiento, se usarán medidores de energía del Parque Simón Bolívar, equivalentes a los de un hogar, y los datos serán consolidados y analizados por Klik y Biofix. La decisión de incluir preparación, ejecución y desmontaje es clave: muchos reportes solo cuentan “los días de show” y subestiman una porción relevante del consumo.
Qué permite esto estratégicamente:
- Establecer una línea base (kWh totales y por fase).
- Identificar “picos” (por ejemplo, pruebas de sonido, iluminación nocturna, refrigeración).
- Comparar ediciones futuras y fijar metas de reducción (no solo compensación).
- Traducir kWh a emisiones mediante un factor de emisión (variable por país/red), y llevarlo a reportes verificables.
B. Campaña pedagógica (licencia social + cambio conductual)
La sostenibilidad en eventos no es solo técnica: es narrativa y cultura. El artículo destaca que usarán el ambiente del festival para conectar energía humana (la euforia del público) con energía eléctrica (la cadena de generación-transmisión-distribución). Ese recurso narrativo es potente porque convierte un concepto abstracto en uno experiencial.
Por qué importa:
- Un evento congrega audiencias masivas en un estado de alta receptividad emocional; bien usado, es un canal educativo.
- La educación también reduce impactos indirectos: carga de celulares, uso de transporte, consumo, separación, etc.
- Refuerza credibilidad: si el festival pide cambios, debe explicar el “porqué” de manera simple y verificable.
C. Compensación (cuando no se puede reducir más en el corto plazo)
La compensación propuesta se hará con el proyecto Yaawi Iipana REDD+ en Guaviare, acompañado por Biofix por casi una década, con mención de certificación y calificación de riesgo (MSCI, riesgo A). Además, se argumenta por qué Guaviare: concentra una parte crítica de la deforestación nacional y la conservación aporta a flujos de humedad relevantes para la región Andina.
Aciertos que aumentan integridad:
- Elegir un proyecto con historial, presencia territorial y estándares.
- Conectar compensación con impacto social directo (comunidades indígenas Puinave y Curripaco).
- Alinear con ODS (13, 15, 17), útil para comunicación y reportes.
El punto fino (y donde suelen fallar otros eventos): Compensar no debe reemplazar reducir. La compensación funciona mejor si se presenta como:
- “Compensamos este componente medido del impacto energético”,
no como “evento carbono neutral” sin alcance definido.
3) El valor de ICONTEC como tercero: credibilidad y control de riesgos reputacionales
En sostenibilidad de eventos, el principal riesgo no es técnico: es confianza. Un tercero como ICONTEC ayuda a:
- Validar que la medición y los compromisos no sean “autodeclarados”.
- Mejorar trazabilidad documental (metodologías, evidencias).
- Disminuir riesgo de greenwashing y elevar estándar para patrocinadores.
4) ¿Qué lecciones deja para la industria de eventos? (replicable en empresas, universidades y festivales)
1) Empezar por lo medible y repetible
Medir energía por fases (montaje–operación–desmontaje) crea un KPI anual. Lo que no se mide no se mejora.
2) Convertir kWh en decisiones operativas
El salto de madurez es pasar de “contar consumo” a diseñar reducción:
- iluminación más eficiente, programación de apagados,
- optimización de pruebas,
- gestión de carga pico,
- electrificación progresiva y/o integración de renovables temporales donde sea viable,
- contratación técnica con cláusulas de desempeño energético.
3) Usar el evento como plataforma educativa
El festival es un “medio de comunicación” en vivo. Si la pedagogía se hace bien, el impacto trasciende los días del evento: cambia hábitos y expectativas del público (y presiona al mercado a mejorar).
4) Compensar con integridad, no con slogans
Elegir proyectos con calidad, permanencia, gobernanza, trazabilidad y co-beneficios sociales es lo mínimo. Lo óptimo es publicar:
- alcance (qué se compensa),
- metodología,
- resultados (kWh, tCO₂e),
- y evidencia del proyecto.
5) Reflexión: el impacto de los eventos se gestiona como un sistema, no como una campaña
La estrategia del FEP muestra una ruta madura: medición robusta + pedagogía + compensación con proyecto territorial + verificación independiente. Aun así, el verdadero indicador de éxito será si la medición se traduce en reducciones año a año, y si la comunicación mantiene claridad sobre el alcance (energía del evento vs. huella total incluyendo movilidad y cadena de suministro).
En otras palabras: un evento sostenible no es el que “dice” que compensa, sino el que demuestra cómo mide, qué reduce, qué compensa, con qué estándar, y qué aprendizaje deja instalado para la siguiente edición.
