En medio de un contexto global marcado por el estrés crónico, el sedentarismo y el aumento de enfermedades mentales y metabólicas, la cultura del wellness o bienestar integral ha pasado de ser una tendencia elitista a convertirse en un movimiento global con profundo impacto económico, laboral y social. De acuerdo con el Global Wellness Economy Monitor, la economía del bienestar alcanzó un valor de 5,6 billones de dólares en 2022 y se proyecta que llegue a los 8,5 billones para 2027, impulsando un cambio radical en la forma en que las personas cuidan de sí mismas y de su entorno.
En Colombia, esta transformación se refleja en distintos sectores: desde el aumento en la apertura de gimnasios, estudios de yoga y espacios de meditación, hasta el crecimiento del consumo de productos naturales, alimentación consciente y servicios digitales para el manejo del estrés. Según datos de Accenture (2023), más del 70 % de los consumidores globales ya interactúa con plataformas digitales de bienestar, una tendencia en ascenso también en el país.
Sectores que impulsa la cultura wellness
La economía del bienestar se compone de 11 sectores clave, entre ellos el turismo wellness, la actividad física, la nutrición saludable, la salud mental, la cosmética natural, la medicina preventiva y el diseño de espacios conscientes. Por ejemplo, el turismo de bienestar crece a un ritmo anual del 10,2 %, mientras que la industria del fitness representa ya más de 1,06 billones de dólares a nivel global.
Colombia ha comenzado a adaptar su oferta empresarial y turística a estas nuevas demandas: hoteles rurales con experiencias de desconexión digital, retiros de sanación emocional, ferias de alimentación orgánica y nuevas empresas enfocadas en el equilibrio cuerpo-mente. En el entorno corporativo, compañías locales replican modelos de Silicon Valley al implementar pausas activas, apoyo psicológico, mindfulness en el trabajo y menús saludables, con el fin de elevar el rendimiento laboral y prevenir enfermedades ocupacionales.
No obstante, el desafío es democratizar el acceso a estas prácticas. Según el Instituto Nacional de Salud, el 56 % de los adultos en Colombia presenta sobrepeso u obesidad, y el 62 % no realiza suficiente actividad física. La Radiografía 2024 del sector fitness revela una urgencia por integrar políticas públicas que faciliten la adopción del bienestar como política de Estado, especialmente en sectores vulnerables.
Wellness como nuevo modelo de negocio
El auge de la cultura wellness está redefiniendo el concepto de salud, impulsando una ola de nuevos modelos de negocio centrados en el propósito, la tecnología aplicada al bienestar y la personalización de servicios. Las marcas emergentes apuestan por valores como la sostenibilidad, la conexión emocional y la mejora de la calidad de vida como diferenciadores clave.
Según la encuesta de McKinsey (2023), el 79 % de las personas adoptaron prácticas saludables de forma permanente tras la pandemia. Esto ha generado un cambio en los valores sociales y una fuerte demanda por productos éticos, alimentos funcionales, espacios verdes en viviendas y oficinas, experiencias conscientes y formación emocional.
El profesor Eduardo Correa Lázaro, autor del informe La Cultura Wellness de OBS Business School, afirma que este movimiento es “una revolución cultural con fundamentos científicos, no una moda pasajera”. Su reto, concluye, está en asegurar que sea ético, accesible y con evidencia científica, para que el bienestar deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho.
